Las partículas diminutas pueden causar grandes problemas
La mejor manera de mantener el funcionamiento óptimo de los motores diésel y equipos en funcionamiento es evitar que el polvo, el agua y otros contaminantes que causan desgaste prematuro y reducen el desempeño penetren en los sistemas de combustible, de aire, hidráulicos y de lubricación.
Es algo muy simple (en teoría).
En la vida real, en las duras condiciones del lugar de trabajo y en la marcha a toda velocidad por una autopista, la capacidad de garantizar que los motores y equipos diésel funcionen eficazmente y cuando sea necesario puede ser todo un reto, especialmente cuando partículas demasiado pequeñas para que las vea un operador o un técnico de mantenimiento pueden infiltrarse en las tomas de aire, los depósitos de combustible y los inyectores. Estos contaminantes son tan pequeños que se miden en micrones, y un micrón es igual a la millonésima parte de un metro (0.000001 m).
Entre los contaminantes más frecuentes se encuentran el agua, la arena, el polen, el polvo, la sal y los microbios, todos los cuales pueden acortar los ciclos de servicio, contribuir a tiempos de inactividad no planificados y aumentar los costos de propiedad si no se filtran adecuadamente.